Hoy a mi niña la he escuchado llorar y al consolarla he visto entre sus líneas rodar un par de lagrimillas.
Lleva demasiados meses olvidada en un rincón, hoy le he pedido por mil veces perdón y me ha hecho en el alma cosquillas.
Entre sollozos llora por esas letras que en un cajón para siempre se han quedao dormías porque otros amores me robaron el corazón, la poesía que a mis sueños vida le dio se convirtió en decenas de páginas vacías.
Largo rato la he mirao con el alma encogía recordando las letras que junto a ella un día escribí
¿Cuántas veces habré llorao a su lao recordando los secretitos que en realidad mi corazón nunca desveló?
No llores más mi niña que te prometo que llegará el día en el que tu voz alta y fuerte todos escucharán.
Hasta mañana, vida mía.
Siempre me resultó terriblemente entristecedor y trágico realizar una promesa siendo consciente de antemano de que muy posiblemente nunca, aún con cien años de plazo, seré capaz de cumplirla, sólo por el magnánimo hecho de intentar consolar la desdicha de un desdichado. Todas las lágrimas existentes en este desconocido universo se me agolpan en los ojos y me nublan la vista. Una experiencia indudablemente lacrimosa, entre otras características. Lágrimas que, por cierto, ya que hablamos de ellas, ahora que lo recuerdo, no sé si te interesará, desprenden una fuerza de atracción muy fuerte hacia el resto de las lágrimas del universo; de ahí que todas se dirijan hacia mis ojos con exactamente la misma velocidad con la que el pez globo que nunca ingerirás porque siempre fue lo suficientemente perspicaz como para escapar de los métodos de pesca humanos, viaja por las aguas japonesas, cuando soy consciente de que mis globos oculares comienzan a llenarse de un líquido transparente. Si alguna vez creíste que tus lágrimas te pertenecían te equivocaste, las lágrimas sólo te pertenecen cuando aún no las has mostrado, una vez que brotan de tus ojos dejan de ser de tu propiedad, pasan a ser de bien público.
Muchas veces he llorado al releer lo escrito y alguna vez mientras plasmaba mis sentimientos en la forma que en cada momento creí más conveniente.
Era una hermosa tarde de primavera, tan hermosa que el color anaranjado invadía la habitación creando un ambiente onírico nunca antes por él contemplado. Las risas de los niños jugando con los columpios en el parque se colaban a través de la ventana aderezadas con un agradable olor a lluvia, gotas de lluvia que prometían darle el relevo al Sol cuando este acabara de ocultarse tras las montañas en aquel horizonte cargado de tanta belleza donde las distintas tonalidades de naranja, rojo y rosa se fundía en una espiral de pasión. Esa tarde de viernes no asistió a clase, no salió a divertirse con sus amigos, esa tarde sentía la imperiosa e incontrolable necesidad de darle rienda suelta a sus sentimientos, de dejar volar sus sueños, de reconciliarse con sus recuerdos, de enfrentarse a sus miedos y todo ello utilizando como único arma y medio un papel. Durante horas experimentó de nuevo aquellos sentimientos escondidos y olvidados, los nunca confesados, permitió que la melancolía se apoderara de cada milímetro de su cuerpo y su alma con la soledad y la tristeza por todas aquellas tardes de un verano adolescente e inconsciente entre amigos que nunca volverán como únicas compañeras de su profundo viaje interior. Y cuando se encontraba absorto en sus recuerdos, inmerso en su pasado, reviviendo un precioso atardecer en la orilla de la playa junto a aquellos desconocidos levantó la cabeza y contempló los últimos rayos de Sol desvaneciéndose como se desvanecen cada día todas aquellas tardes de verano de una adolescencia pasada, difuminándose como el humo de un cigarrillo a punto de extinguirse en mitad de cualquier acera gris de cualquier gran ciudad, a punto de morir destrozado por una gota de lluvia que lo golpea salvajemente sin previo aviso. No pudo contener más tiempo las lágrimas que desde hacía muchos minutos se le agolpaban en los ojos y le provocaban un nudo en la garganta y les permitió rodar por sus mejillas mientras comparaba aquel hermoso atardecer con el atardecer de sus recuerdos, fue en ese preciso instante cuando decidió cómo acabaría su texto: «con los ojos empañados en lágrimas y preguntándome qué estaba haciendo con mi vida: yo antes contemplaba los atardeceres en los sitios de siempre con los de siempre».
Hace poco me escribiste un mensaje de texto que conservaré, como mínimo, durante mucho tiempo en la Bandeja de Mensajes Recibidos de mi teléfono móvil. Nunca te lo comenté porque en ocasiones me reservo el placer de disfrutar de tan agradables situaciones y sensaciones sólo en compañía de mí mismo pero fue una muy grata sorpresa. A lo largo de él me explicabas que a pesar de que hace meses que no escribo nada nuevo a menudo entras en mi Blog y relees mis textos, me asegurabas que adoras todos pero que sientes especial devoción por el titulado Mi risa interior, que te hace sentir cosas indescriptibles.
Tú en cambio me dejaste un comentario por sorpresa en el último texto que colgué hace meses, afirmas de nuevo en público que te encanta mi forma de escribir, pareces estar muy convencido de que algún día escribiré un libro.
Lo que más me emociona es el hecho de que a pesar de que hace meses que conscientemente no sólo no escribo nada nuevo en mi Blog sino que además no hablo sobre este pequeño rinconcito de mi vida con nadie tú todavía, querido lector, te asomas con cierta regularidad a la espera de encontrar nuevo material para leer: Es una gran responsabilidad. Por todo ello a pesar de que durante semanas sólo leí y escuché críticas, críticas que en muchas ocasiones dirigían contra ella ante la imposibilidad de dirigirlas contra mí, a pesar de todo ello, repito, que gastes tu tiempo y tu dinero no sólo en leer mis cuatro tonterías sino que además plasmes los sentimientos y sensaciones que mis palabras en ti han causado en un comentario público es un inmenso honor. Y ahora permíteme el atrevimiento: ¿De verdad lloraste tantas veces con mis textos?
Durante mis años de colegio fue la chiquilla más dicharachera entre todas las presentes en el aula y en el patio de recreo, fue mi amiga más fiel, la compañera más cariñosa, fue la más hermosa, la niña más bella. Fue mi Querida Princesa cautiva en una Hermosa Torre de Cristal y yo fui su Valiente Príncipe, el que la protegió de los peligros de su Reino Mágico y de Ella Misma. Fue mi Musa, por la que suspiraban mis sueños. Fue mi única compañera en las noches de soledad más oscuras y amargas. Fue la estrella que iluminó mi sendero, la que me guió hacia el buen camino, la que en realidad nunca me abandonó. Fue mi voz en grito, la expresión de mi dolor más profundo y desgarrador. Fue mi escribir sin desvelar. Fue mi vida y a ella me debo, mi niña, mi estrella, mi princesa y mi musa, la luz de los mil nombres, mi prosa, yo.
![Cuando perder merece la pena [Why should I complain?]](http://60.img.v4.skyrock.net/600/toineee/pics/602942714_small.jpg)

